El mayor desafío personalmente creo que es la cultura organizacional y la resistencia al cambio, más que la normativa en sí, aunque sigue siendo un desafío.
Aun cuando existen leyes que establecen obligaciones claras, el problema principal suele ser cómo lograr que el personal se adecue a cambios en sus prácticas, en cómo lograr que las nuevas prácticas las mantengan en el tiempo y entiendan el por qué. Con esto me refiero a que, cambiar un proceso o procedimiento ya sea clínico o administrativo implica romper patrones laborales; Existen unidades o servicios dentro de los hospitales, donde la parte de acreditación es un trámite, como hay otras donde la calidad y seguridad del paciente pasa a un segundo plano; Y si a esto se le suma la carga laboral que puede llegar a existir se termina por realizar lo que es mejor para la la unidad en la que se ejerce.
Por ejemplo, dentro las funciones y responsabilidades que se mencionan en el PDF del módulo I:
de supervisión y aseguramiento de calidad, si bien todo lo que dicen es el fin principal es difícil llevarlo a cabo cuando tienes más de 10 contratos, existen mantenciones en diferentes unidades, por diferentes empresas a diferentes equipos el mismo día.
coordinación interdisciplinaria cuando se menciona que “Por ejemplo, en casos donde un paciente requiere un examen de alta complejidad, el referente técnico puede coordinar entre el equipo médico, laboratorio, servicio de transporte intrahospitalario y gestión de camas para asegurar la fluidez de la atención.” En Chile creo que jamás ha funcionado así, menos con la espera que tienen los pacientes en exámenes de alta complejidad.
Se puede tener muy claro las funciones que tenemos como referente o lo exige la norma en este caso, sin embargo, si no existe una comunicación o cultura interna de los trabajos que se realizan difícilmente se logra una comunicación oportuna y efectiva entre unidades, esto sin considerar la situación actual de los sistemas de salud tanto pública como privada a nivel país.