Si bien en los servicios de urgencia existen protocolos de atención y en algunos, basados en un modelo de atención centrado en el usuario, no siempre son aplicados por los profesionales que brindan la atención, y los motivos pueden ser variados, e ir más allá de las competencias comunicacionales y empatía que puede o no tener el médico.
En primera instancia generaría un programa de psicoeducación a médicos de la urgencia, que aborde comunicación verbal y no verbal, gestión de emociones, construcción de confianza médico-usuario, entre otras temáticas, de manera que el protocolo de atención o el modelo a la base sea aplicado desde la llegada del usuario al servicio hasta el término de su atención.
Sumado a lo anterior, implementaría en el servicio de urgencia a un profesional con el rol de hacer educación en salud. Luego de ser atendido por el médico y de haber recibido el diagnóstico, se le informa que un profesional de salud se acercará a ellos para conversar respecto de los hallazgos y tratamiento. En este espacio se aprovecha no sólo de educar al usuario y a su familia (o entorno) respecto de la enfermedad y su abordaje, sino que también se puede realizar prevención en salud, según comorbilidad existente.