Durante una curación postoperatoria en la unidad, un paciente recién operado comenzó a presentar enrojecimiento y dolor en la herida. Con el paso de los días apareció secreción, confirmándose una infección. Al revisar lo ocurrido, se observó que la curación se hizo con apuro por la alta carga de trabajo, se interrumpió varias veces el campo estéril y no siempre se contó con insumos suficientes, lo que llevó a relajar la técnica aséptica.
Esta experiencia recordó al equipo que la higiene de manos, el respeto del campo estéril y el uso adecuado de antisépticos no son detalles menores. Reforzar estas prácticas, evitar interrupciones y asegurar personal e insumos adecuados son acciones simples que marcan la diferencia y protegen la seguridad del paciente.