La lactancia materna presenta múltiples barreras y desafíos en el quehacer profesional, los cuales son diversos y multifactoriales. En primera instancia, es fundamental analizar el deseo de amamantar de cada mujer, así como también sus preocupaciones, temores y expectativas en relación con la lactancia. Considerar que las experiencias previas influyen profundamente en la forma en que cada madre vive este proceso.
Otro aspecto determinante es el lenguaje utilizado por los profesionales al acompañar a las mujeres que amamantan. Cuando este no es adecuado, asertivo y respetuoso, puede generar inseguridad, ansiedad y temor, afectando directamente la confianza de la mujer en su capacidad de amamantar.
Asimismo, la carga social tiene un impacto importante. Los comentarios, juicios y comparaciones entre mujeres pueden influir negativamente en la experiencia de lactancia y en la percepción de autoeficacia materna.
También existen dificultades asociadas a condiciones del recién nacido, como prematurez, hipotonía, alteraciones de la cavidad oral, hipoglicemia o hipernatremia, entre otras, las cuales pueden interferir en el establecimiento y mantenimiento de la lactancia. A esto se suman factores como dificultades en la técnica, la falta de acompañamiento oportuno y la frecuencia de las tomas.
Frente a este escenario, la base para lograr resultados efectivos es entregar información actualizada y adaptada a las necesidades de cada diada madre-hijo/a. Además, es fundamental brindar herramientas y alternativas tanto sobre técnicas de amamantar y sobre métodos de extracción, cuando sea necesario. Escuchar, contener y acompañar de manera respetuosa y empática son pilares esenciales en el apoyo a la mujer que amamanta.