En la unidad vemos con frecuencia pacientes con heridas quirúrgicas que evolucionan bien cuando se cuidan con calma y técnica correcta, pero que se complican cuando la presión asistencial gana terreno. Un ejemplo habitual es la curación de una herida abdominal en un paciente con diabetes: bordes bien aproximados, exudado moderado y sin signos de infección. Cuando la curación se realiza respetando la higiene de manos, la técnica estéril y evitando interrupciones, la herida progresa sin problemas. En cambio, en turnos sobrecargados, con curaciones rápidas, interrupciones del campo estéril o uso de apósitos poco adecuados, el riesgo de infección aumenta claramente.
Los principales factores de riesgo que influyen en estas situaciones son la prisa por exceso de trabajo, la falta de insumos adecuados, las interrupciones durante la curación y la relajación de la técnica de asepsia. A esto se suman condiciones del propio paciente, como la diabetes o la edad, que hacen que cualquier error tenga mayor impacto.
Para mejorar la seguridad del paciente, es clave volver a lo básico: higiene de manos estricta, preparación completa del material antes de iniciar, respeto del campo estéril y elección de apósitos acordes al nivel de exudado, protegiendo la piel periherida. También ayuda organizar mejor los tiempos, reducir interrupciones y educar al paciente para que participe en el cuidado de su herida. Pequeñas acciones sostenidas en el tiempo marcan una gran diferencia en la prevención de infecciones asociadas a la atención en salud.