Los signos principales que presentan el deterioro clínico son: la frecuencia respiratoria de 42 x1, la saturación de 89%, el estado de conciencia, la perfusión de 4 segundos, la frecuencia cardíaca de 148 x1, la temperatura de 39,2, presión arterial de 88/54, y el rechazo a la ingesta de líquidos.
Se debe informar sobre la saturación de oxígeno de 89%, la cianosis, el aumento respiratorio, la somnolencia, la taquicardia, sobre el llenado capilar, las extremidades frías y el rechazo a la ingesta de líquido. Ya que esto sugieren un posible riesgo de progresar a shock. Por ello, la identificación precoz, la comunicación inmediata y la intervención oportuna son fundamentales para prevenir complicaciones y proteger la vida del menor.