En una unidad de hospitalización quirúrgica de un hospital de mediana complejidad, se observó un aumento de infecciones del sitio quirúrgico (ISQ) en pacientes sometidos a cirugías abdominales electivas. Se trató de una situación frecuente, sin un evento adverso aislado, sino asociada a prácticas asistenciales cotidianas durante el postoperatorio inmediato y mediato.
Durante la evaluación del proceso de atención, se identificó que las curaciones de heridas quirúrgicas eran realizadas en ocasiones en horarios de alta demanda asistencial, con interrupciones frecuentes y variabilidad en la adherencia a los protocolos de asepsia. En algunos casos, el campo estéril era interrumpido para buscar insumos faltantes, y se evidenció un uso inconsistente de antisépticos según normativa institucional. Posteriormente, varios pacientes presentaron signos de infección local, como eritema, exudado purulento y dehiscencia parcial de la herida, lo que prolongó su estadía hospitalaria y aumentó el uso de antibióticos.
Factores que contribuyeron al riesgo de infección
Entre los principales factores identificados que favorecieron el riesgo de infección de la herida quirúrgica se encuentran:
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Técnicas inadecuadas de asepsia: incumplimiento parcial del lavado de manos clínico y del uso correcto de guantes estériles durante la curación.
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Interrupciones del campo estéril: desplazamientos del personal durante el procedimiento para buscar material faltante, comprometiendo la esterilidad.
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Sobrecarga laboral: alta relación paciente/enfermera, lo que favoreció la omisión de pasos críticos del procedimiento.
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Déficit o mala gestión de insumos: ausencia o escasez de apósitos estériles y soluciones antisépticas en el momento de la curación.
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Falta de supervisión y retroalimentación continua sobre el cumplimiento de protocolos de prevención de IAAS.
Estrategias basadas en evidencia para mejorar la seguridad del paciente
Para fortalecer la seguridad del paciente y reducir las infecciones asociadas a la atención en salud (IAAS), se proponen las siguientes estrategias:
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Estandarización estricta de los protocolos de curación de heridas, asegurando el uso correcto de técnicas de asepsia y antisepsia basadas en guías clínicas actualizadas.
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Refuerzo del lavado de manos mediante capacitación periódica y auditorías observacionales, considerando que esta es la medida más efectiva para prevenir IAAS.
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Optimización de la gestión de insumos, garantizando la disponibilidad permanente de material estéril antes de iniciar cualquier procedimiento.
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Organización del trabajo asistencial, priorizando la realización de curaciones en horarios protegidos, con menor carga laboral y menos interrupciones.
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Educación continua del equipo de salud, promoviendo una cultura de seguridad del paciente y responsabilidad compartida en la prevención de infecciones.
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Monitoreo y retroalimentación de indicadores de IAAS, permitiendo identificar brechas y evaluar el impacto de las medidas implementadas.
Conclusión: Este caso evidencia que la prevención de infecciones de herida quirúrgica no depende exclusivamente de la complejidad del procedimiento, sino del cumplimiento riguroso de prácticas básicas de asepsia, antisepsia y bioseguridad. La identificación oportuna de factores de riesgo y la implementación de estrategias basadas en evidencia son fundamentales para mejorar la calidad de la atención, proteger al paciente y fortalecer el rol del equipo de enfermería en la seguridad asistencial.