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CASO CLINICO

Respuestas

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de JUAN CARU MORAGA - Número de respuestas: 0

1. Tipo de apósito más adecuado

En este caso, la paciente presenta una herida quirúrgica limpia, con bordes bien aproximados y sin signos de infección, pero con un exudado seroso moderado y una leve maceración de la piel periherida. Esto nos indica que el principal desafío en el manejo de la herida es controlar adecuadamente la humedad, evitando que el exceso de exudado siga dañando la piel alrededor, sin resecar el lecho ni interferir con el proceso normal de cicatrización.

Considerando estos elementos, el apósito más adecuado sería una espuma de poliuretano con borde de silicona suave. Este tipo de apósito permite absorber el exudado en forma eficiente, manteniendo un ambiente húmedo óptimo para la cicatrización, pero evitando la acumulación de humedad que favorece la maceración periherida. Además, el borde de silicona se adhiere suavemente a la piel, lo que disminuye el dolor y el trauma al momento del retiro, un aspecto especialmente relevante en una paciente adulta mayor y con una herida aún reciente.

A diferencia de la gasa tradicional, que tiende a saturarse rápidamente y requiere cambios frecuentes, la espuma favorece una curación más confortable, protege mejor la piel circundante y reduce el riesgo de lesiones cutáneas asociadas a la retirada repetida del apósito.


2. Técnica de curación paso a paso

Antes de iniciar la curación, es fundamental considerar a la persona y no solo a la herida. Por ello, se debe comenzar explicándole a la paciente el procedimiento, resolviendo sus dudas y evaluando el nivel de dolor. En caso necesario, se puede administrar analgesia previa o realizar el procedimiento de manera lenta y cuidadosa para disminuir molestias.

Posteriormente, se realiza higiene de manos y se prepara el material necesario. Se retira el apósito previo con técnica limpia, observando cuidadosamente la cantidad y características del exudado, así como el estado general de la herida y la piel periherida. Esta evaluación es clave para detectar precozmente cualquier signo de complicación.

Una vez retirado el apósito, se efectúa nuevamente higiene de manos y se procede a la limpieza de la herida utilizando suero fisiológico 0,9 %, aplicándolo de la zona más limpia hacia la menos limpia, sin friccionar. La piel periherida se seca cuidadosamente con suaves toques, evitando arrastrar, ya que se encuentra levemente macerada.

Con el fin de proteger la piel circundante, se recomienda aplicar una barrera cutánea en la zona periherida antes de colocar el nuevo apósito. Esto ayuda a prevenir mayor daño por humedad y por el adhesivo del apósito.

Luego, se coloca la espuma de poliuretano con silicona, asegurándose de que cubra completamente la herida y parte de la piel sana, sin generar tensión ni pliegues. El apósito debe quedar bien fijado, pero sin comprimir ni causar molestias a la paciente.

En cuanto a la frecuencia de cambio, esta no debe ser rígida. Si el apósito se mantiene limpio, seco y sin signos de saturación, puede cambiarse cada 48 a 72 horas. Sin embargo, debe adelantarse el cambio si aparece aumento del exudado, filtración, dolor, mal olor o cualquier signo que sugiera infección o deterioro de la piel periherida.

Finalmente, se debe registrar el procedimiento, consignando el estado de la herida, el tipo de apósito utilizado, la respuesta de la paciente y las indicaciones entregadas. Asimismo, es importante reforzar la educación, explicándole qué signos de alarma debe observar y cuándo avisar al equipo de salud.